Era un maestro de la improvisación, podía destornillar de la risa a cualquiera. Además, sí que sabía actuar. Lo único que le faltó a Robin Williams hacer durante su prolífica vida fue combatir el crimen vestido de murciélago, pero sin duda su carisma en la pantalla ha sido una bocanada de aire fresco en un mundo donde se nos olvida reír lo necesario.
En GQ conmemoramos el talento de este artista con algunos de sus momentos más icónicos. Se fue muy pronto, pero nos dejó con mucho material para alegrarnos el día.
Comediante en vivo
Probablemente el comediante más rápido del Oeste, o de cualquier otra parte del mundo. Para él era vital que la gente no parara de reír, y su ingenio bastaba para soltar bromas, una tras otra si parar. Sin duda sus películas de comedia serán recordadas siempre.
Good Morning Vietnam, 1987
Su primer papel importante como actor en esta película de Barry Levinson es uno de los personajes que muestra una de las características esenciales del Robin Williams en el escenario: la comedia y la capacidad de reír a pesar de las circunstancias, incluso la guerra. Su perfecta combinación entre lo cómico y el drama le valió una nominación al Óscar.
Dead Poet’s Society, 1989
Aquí nació el cliché del profesor que todos quieren por salirse del status quo y llevar las clases a la vida. Si alguno de tus maestros llegaba con su saco de pana tratando de romper un libro y diciéndote que aproveches cada día, ya sabes a quién le copió.
The Fisher King, 1991
Probablemente uno de los momentos más íntimos de Williams que pudimos ver en la pantalla. Aquí es un hombre que ha perdido el sentido de su vida cuando presencia la muerte de su esposa a manos de un hombre perturbado. Cuando se encuentra con el locutor de radio que incitó dicha matanza, veremos a un par de individuos rotos en busca del Santo Grial: su cordura. Esta interpretación le ganó otra nominación a Mejor Actor por la Academia.
Aladdin, 1992
Aquellos que crecieron en los 90 vieron otra faceta de Robin Williams, la de personaje fantástico capaz de transformarse en cualquier cosa y hacer referencia a un montón de celebridades de antaño. Lograr sincronizar la voz de Robin y crear las acciones que respaldaran tremenda imaginación es uno de los trabajos de animación más complicados y más celebrados en la industria. Como anécdota, Robin Williams accedió a que redujeran su sueldo con tal de que no lo mencionaran en la promoción. Por los resultados en la taquilla realmente le quedaron a deber muchísimo.
Como cantante: “Come Together”, 1998
Este talentoso artista tuvo la costumbre de sobrepasar los límites que le imponían los demás. ¿Cantar? Por qué no; mucho mejor si es para un disco que George Martin, el quinto beatle, produjo en 1998.
Una vida animada
Si uno lo piensa bien, Robin Williams a veces parecía un personaje de caricatura salido de la mente de Chuck Jones o Walt Disney. Bueno, tenemos la prueba para demostrarlo en este especial de Disneyland que celebra el proceso de animación, de cuando a la compañía del ratón tenía otros intereses además de producir dinero y franquicias por montones.
And the Oscar goes to...
Afortunadamente la Academia de Hollywood reconoció a Williams en uno de los mejores momentos de su carrera y el actor no pasó a la historia por ser uno de los múltiples histriones que mueren sin haber ganado una estatuilla dorada. Robin lo consiguió en 1998 gracias a su poderoso trabajo en "Mente Indomable". En la ceremonia también fueron reconocidos unos (para ese entonces) novatos Matt Damon y Ben Affleck.