El creativo que lo cambió todo

Y Virgil estuvo aquí

La última colección del diseñador de Louis Vuitton se convirtió en el mejor homenaje póstumo del artista
Virgil was here
La despedida y homenaje al diseñador que transformó la industria para siempre.GQ México & LATAM

Así, en letras rojas, sobre la bahía de Miami construidas por decenas de drones que navegaban un cielo quizá algo más triste, el equipo de Louis Vuitton nos recordó que sí, que el diseñador que cambió la manera de entender una clásica maison de lujo, pese a habernos dejado el 28 de noviembre tras un súbito empeoramiento del angiosarcoma cardíaco que discretamente había padecido por casi dos años, se encontraba entre nosotros de la forma en la que se hizo famoso, mostrando su particular manera de entender la ropa.

La que debería haber sido una ocasión más en su carrera de volver a mostrar las piezas que ya tuvimos ocasión de ver meses atrás (una fórmula, la del repeat show que significaba un nuevo viaje, generalmente a Asia, de las propuestas que primero se exhibieron en París) se transformó así en un homenaje, “por su deseo”, como nos recordaba un statement de la marca, a quien en muy pocas colecciones había dado una nueva vida a la tradicional casa de la maletería francesa.

Las miradas de los invitados se cruzaban con las ojeras que demostraban 48 horas de complejas reuniones de los equipos directivos de la firma y con la mirada llorosa de su equipo de colaboradores más cercano, a quienes muy pocas horas antes de su fallecimiento aún seguía enviando mensajes con propuestas y cambios, como si la vida fuera una carrera contra un tiempo, tan breve el suyo, de la que extraer hasta la última gota creativa. Un desfile, además, que se había convertido en el más fastuoso de Louis Vuitton, y en el que los asistentes se preguntaban hasta el final si habría algún cambio más en la agenda (la inauguración de la flagship de hombre de Miami se canceló en el último momento como símbolo de respeto), pero que supuso un homenaje y un recorrido por todos los códigos rupturistas del diseñador que instaló definitivamente el street wear en la industria del lujo. Varios buques y algunas lanchas surcaron con los invitados las aguas de la bahía en un camino que bien podría haber sido la metáfora de un funeral vikingo (el fuego en un inmenso globo rojo y los fuegos artificiales del final pusieron la nota cálida).

Botes hacia la Marina de Miami.

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A la llegada a Miami Marine Stadium, una plataforma recibía a los asistentes en una suerte de bosque de cuento, cuyos troncos de madera reciclable y hojas artificiales, y una bancada de aglomerado de madera con el monogram de la firma nos recordaban los esfuerzos de restauración de una zona que durante mucho tiempo sirvió para contemplar deportes acuáticos y que ha servido también como telón de fondo de actividades de la feria de arte de la ciudad. Graffitis, alfombras, espacios efímeros, todo eso que es también en muchas ocasiones el mundo de la moda.

Un desfile emotivo.

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Y el desfile, un regreso reelaborado (con 10 looks nunca antes vistos) a todos los códigos del diseñador: las subculturas urbanas, el hip hop (y sus groupies con los ojos también enrojecidos, quizá también por el humo de suave aroma a marihuana que flotaba en el ambiente), la música, los pants deportivos, los complementos exagerados, las bolsas brillantes de piel tintada en metal, la exageración de los logotipos, la disolución de los géneros… Todo eso que ha desacralizado la moda y la ha regresado a las calles convertida en una suerte de fiesta dignificadora de los barrios de Chicago o Nueva York.

El monograma de la marca vistiendo el cielo con drones.

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Y por supuesto, los invitados, desde Kim Kardashian a la familia Arnaud, una mezcla que hace años hubiera sido insólita pero que hoy es la fórmula segura del éxito, viajar de las altas cunas a las bajas camas.

Escultura de Virgil.GQ México & LATAM

Y al final, una escultura del diseñador de tamaño monumental que daba acceso a lo que hubiera sido una fiesta pero que se convirtió en el homenaje funeral más divertido del mundo. Porque sí, Virgil, seguro, estuvo allí.