La pregunta respecto a quiénes o qué son los hombres heteroflexibles resulta ser alguna de las búsquedas de Google.
Entre las cosas buenas del paso del tiempo es que cada vez la gente está más consciente de que en el sexo, como en casi todo en la vida, hay más tonos grises que la visión maniquea de negro o blanco. Décadas atrás se era homo o heterosexual, luego se catalogó a los bisexuales y así, siguieron apareciendo alternativas reconocidas. Ahora, hace escasamente una década, se han colocado en el podio los heteroflexibles. La definición que vas a encontrar es: "la heteroflexibilidad es una forma de orientación o comportamiento sexual situacional que se caracteriza por la actividad homosexual limitada a pesar de una orientación fundamentalmente heterosexual".
Al margen de la explicación “wikipédica”, esto es simple. Un hombre heterosexual reconoce que le parece atractivo otro hombre, tiene curiosidad por saber cómo va la cosa con él en plan cama y, si se dan las circunstancias, prueba la experiencia sin que por eso tenga que ir a psicólogo al día siguiente.
Lo cierto es que eso es cada vez más frecuente entre las generaciones millennial y post millennials, que tienen como premisa en la vida el fenómeno de las “experiencias”. Ser heteroflexible no significa, sin embargo, que hayas tenido relaciones con una persona de tu mismo género. Basta con que admitas que en algún momento te sientas atraído por otro hombre y que veas eso con la posibilidad de que se pueda dar un encuentro con él, o que, de pronto, se cuele sin ser invitado en una fantasía de esas que tienes cuando practicas sexo solo. Hay una realidad que puede haber influido en la aceptación de esta alternativa, y es el hecho de que la sociedad rompe cada vez más con los géneros binarios hombre-mujer para incluir la atracción hacia personas andróginas, transexuales, intersexuales o de género fluido.
¿Qué tan nuevo es el término heteroflexible?
Aunque se haya catalogado y etiquetado esta práctica hace poco más de diez años, ya en 1948, en su libro “El comportamiento sexual de los hombres”, Alfred Kinsey incluyó la atracción esporádica por personas del mismo género en el listado de fases del erotismo masculino. La diferencia con los bisexuales, se supo desde entonces, es que estos últimos desean a ambos sexos por igual y así lo reconocen. Incluso, los bisexuales se enamoran de sus parejas mientras que los heteroflexibles no. Otra diferencia es que los bisexuales no tienen límites en sus relaciones con otros hombres, mientras que los heteroflexibles no practican el sexo oral (sólo dejan que se los hagan), nunca besan a otro hombre y nada más asumen el rol de penetrar si se llega hasta ese capítulo.
Sintetizando, la heteroflexibilidad está ahí y no hay que espantarse por ella. ¿Lo mejor? Vivir, dejar vivir y echar a un lado las etiquetas.