Los masajes son excelentes para tonificar el cuerpo y la mente. Nadie lo pone en duda y, si tienes el tiempo y el extra para pagarlos, siempre valen la pena. Pero todo lo que significa que toquen tu cuerpo puede provocar que, a veces y de manera involuntaria, se produzcan “accidentes”.
Por ejemplo, puede que te excites por el roce y las bromas que te juegan la mente y la piel. ¿Qué hacer cuando pasa eso que, por si no lo sabías, es bastante común? El masaje es algo sensorial y esa respuesta es posible. Así que no temas que te tomen por un pervertido. Cuando la mano profesional pasa entre los muslos se activa la circulación y la respuesta es una erección.
Tu masajista lo sabe y debe saber actuar de manera que no te sientas incómodo ni te preocupes. Piensa en otra cosa y confía en que la presión en el siguiente músculo adolorido hará el resto y seguirá el masaje sin pasar a mayores. De cualquier manera, tener en cuenta la etiqueta de las sesiones de masaje, siempre hará más placentera la experiencia.
Lo primero: comunicarse y establecer las reglas
Haz saber qué te resulta relajante, qué es doloroso y hasta dónde quieres llevar la presión. También debes avisar si te resulta incómodo, por cualquier razón, que te masajeen alguna zona de tu cuerpo.
Comer o no comer antes del masaje
La recomendación es cuidar qué comes y cuánto tiempo antes del masaje. Lo ideal es no comer, al menos tres horas antes para evitar tener gases que decidan escaparse de tu cuerpo sin que los esperen tú, ni quien está dándote la terapia.
La higiene ante todo
Siempre báñate antes del masaje. Además de ser una cortesía elemental de higiene para quien te está dando el servicio, es el primer paso para un buen tono en el cuerpo antes de comenzar la terapia.
¿Desnudarse o no?
Esa suele ser tu decisión y no es ofensivo ni está fuera de lugar quedarse desnudo. En todo caso, siempre te cubrirán con la toalla o una sábana, excepto cuando te den masaje en la zona de los glúteos.
Una propina es justa
Si quien te da el masaje es independiente y va a tu casa u opera en su propio sitio, se supone que el pago del servicio va todo para él o ella, así que no es necesaria la propina. Sin embargo, si estás en un spa o un sitio que emplea al o la terapeuta, y no es el dueño, un 10 por ciento del precio del servicio es justo y habitual en todas partes.