Hoyeon: el éxito después de El juego del calamar y sus proyectos

Después de su actuación en El juego del calamar, Hoyeon dio un salto de la noche a la mañana: de modelo a actriz cotizada a escala global. Ahora, con Corea del Sur acuñando a algunas de las mayores estrellas del planeta, la oriunda de Seúl se mantiene ocupada entre los más celebrados autores cinematográficos y los más exclusivos contratos en el mundo de la moda mientras, tras años de rebotar por el mundo entero, ha comenzando a preguntarse si el mejor lugar para perseguir su futuro no será en su ciudad natal.
Hoyeon usa top metlico
Más allá de El juego del calamarElizaveta Porodina

Últimamente, ha habido momentos en la vida de Hoyeon en los que ha podido ver cómo las cosas están cambiando, cómo la vida está tomando un nuevo y emocionante rumbo, y nunca será la misma. Fue lo que sintió, por ejemplo, cuando revisó su cuenta de Instagram y se dio cuenta de que había ganado casi 15 millones de seguidores en las tres semanas anteriores. En ese momento, en el otoño de 2021, El juego del calamar, de Netflix, estaba en camino de convertirse en la serie más vista en modo streaming de la historia. Y ella, la estrella coreana en ciernes —que para entonces respondía al nombre de Jung Ho-Yeon— estaba protagonizando esa forma de acelerada transformación en celebridad que únicamente hubiera sido posible en aquel momento tan raro. Antes de la serie, la joven nunca había actuado; y, de repente, era una megaestrella global.

Esa sensación de estar viviendo un cambio repentino le vino otra vez el verano pasado, cuando llegó al set en el norte de Londres donde el director Alfonso Cuarón estaba filmando Disclaimer, el serial que está por lanzar a través de Apple TV+, protagonizado por Cate Blanchett. Hoyeon fue reclutada para un papel de reparto crucial y comenzaría a grabar sus primeras escenas en inglés, un idioma que todavía está aprendiendo. Eran muchas cosas para procesar al mismo tiempo. Se encontraba grabando en un estudio de sonido enorme, con un equipo tan extenso que parecía una colmena de abejas zumbando en todas las direcciones. Todo a su alrededor le mostraba que ahora ella estaba nadando en aguas completamente distintas. Pero lo que la hizo sentir que realmente se encontraba dando un paso serio hacia adelante era lo que estaba en el estacionamiento fuera del estudio: “Los campers”, dice. “En Corea no tenemos, pero en Inglaterra y en Estados Unidos cuentan con este increíble sistema que le da a los actores un espacio personal para prepararse”.

“Quiero ver qué hay para mí. Este es mi camino y es algo que tengo que crearme yo misma”.Elizaveta Porodina

Para ella, lo del espacio personal se ha convertido en una especie de lujo casi inalcanzable desde que salió El juego del calamar. En las aturdidoras primeras semanas en las que el show estaba en vías de convertirse en un fenómeno cultural —generó más de 1,650 millones de horas de audiencia en los primeros 28 días—, docenas de guiones se apilaban en la puerta de su casa, mientras que una manada de enérgicos agentes de Hollywood se peleaba a codazos la oportunidad de firmar un contrato con ella para representarla. Luego, llegaron los metales pesados: se ganó un Premio del Screen Actors Guild, convirtiéndose en la primera actriz de televisión no anglófona en llevarse ese trofeo a casa. A partir de allí, vino un diluvio de compromisos, junto con legiones de seguidores escudriñando cada uno de sus movimientos. Así que es fácil comprender por qué un silencioso camper entre toma y toma le parece un lujo digno de destacar.

En sus muy escasos momentos de soledad, Hoyeon ha tenido bastante en qué ocupar su mente: ¿Qué tipo de carrera le gustaría tener? ¿Qué tipo de estrella le gustaría ser? ¿Debería quedarse en su natal Corea del Sur, el epicentro de la cultura pop donde se hizo célebre? ¿Viajar al oeste, para perseguir sus sueños en Hollywood? Las opciones pueden sentirse como una gran carga cuando las oportunidades con las que soñabas se presentan de repente ante tus ojos, todas al mismo tiempo. Con sus 28 años, la actriz siente el peso de las expectativas puestas sobre ella, pero quizá mucho más que eso, la emociona la energía de todas esas posibilidades que presenta este momento. “Siento presión, pero para una coreana, tener todas estas oportunidades en la sociedad occidental es algo muy escaso. Y no quiero desperdiciarlo”.

Del modelaje a la actuación

Cuando nos encontramos para almorzar, un domingo hace poco en West Hollywood, nos acompaña un intérprete que pasará la mayor parte de la entrevista observando en silencio. El inglés de Hoyeon ha mejorado mucho y a gran velocidad, gracias a las lecciones privadas y al tiempo que ha pasado haciendo Disclaimer. Se disculpa por lucir cansada. Tiene jet lag, me dice. Previo a aterrizar en Los Ángeles, estaba en Nueva York, haciendo fotos para una campaña de moda, y antes de eso en Seúl, donde nació y creció, y —más o menos— vive ahora otra vez. “Es difícil decir dónde está mi base de operaciones”, comparte con un suspiro.

Hace tiempo que es así. Hoyeon empezó a modelar a los 16 y continuó por un buen tiempo, después de que sus padres le hubieran rogado que estudiara farmacéutica. Una sucesión de adultos en su vida —tías, tíos, amigos de la familia— habían estado insistiendo en que su esbelta estructura de 1.75 m estaba hecha para el modelaje y ella, motivada por su espíritu hipercompetitivo y su deseo de independencia económica, aceptó el rol con total naturalidad. En los años siguientes, estuvo moviéndose por todo el planeta: vivió en Nueva York durante sus tempranos 20 y caminó las pasarelas de Londres, París y Milán.

“Nunca he sido el tipo de personas que dependen de los demás. Pero durante el último año he aprendido a apreciar más las cosas valiosas en mi vida”.Elizaveta Porodina

En los últimos 18 meses, su agenda se ha vuelto mucho más intensa. Pasó mucho tiempo en Los Ángeles, desde luego, compitiendo por honores en los Emmys, los Globos de Oro y otras cuantas ceremonias, mientras planificaba los próximos pasos en su carrera de actuación. Y, por supuesto, el éxito en esta nueva línea de trabajo ha redoblado la demanda de sus servicios en su ocupación previa. Ahora es Embajadora Global de Louis Vuitton, adidas y Lancôme. Sus obligaciones profesionales dan un poco de vértigo.

Por todo lo anterior es digno de hacer notar que Hoyeon decidiera firmar, el pasado mes de octubre, un contrato de alquiler de un apartamento en Seúl, la ciudad que ha proclamado, al menos por ahora, como su base de operaciones. Durante largo tiempo, la capital de Corea del Sur se sintió como un lugar que debía abandonar a toda costa para alcanzar su potencial. Ahora, es su refugio. Recientemente, pasó todo un mes allá, las primeras vacaciones que se permite desde el estreno de El juego del calamar; un relajante ratito de no hacer nada, o casi nada. Durmió hasta tarde. Hizo Pilates. Vio televisión mientras se dedicaba a sorber fideos de sopa instantánea. “Fue muy saludable”, me dice. “¡La sopa de microondas es saludable! ¡Para tu mente!”, sentencia.

Ese tiempo consigo misma la ayudó a establecer límites. “Siempre he tenido problemas para decir que no”, comparte, destacando que este tema se le ha hecho aún más difícil después del estallido de El juego del calamar. “El año pasado fue el más glorioso de toda mi vida. Y, al mismo tiempo, física y mentalmente, fue el más difícil”. Además del tornado de compromisos profesionales, su teléfono se ha visto de repente inundado de textos y mensajes de gente a la que conoció —o conoció brevemente— invitándola a cenar, a tomar un trago o cualquier cosa, para celebrar su éxito. “Al principio me sentía con ganas de verlos. Están tratando de felicitarme, sí que debería mostrarme agradecida. Pensé: ‘si digo que no, ¿esta persona se va a sentir herida? ¿Van a pensar que soy una mala persona? ¿Pensarán que he cambiado?’”.

Dice que ahora está tratando de balancear la responsabilidad que siente de tomar buenas decisiones con el deber que también siente de complacer a otros. Es una tensión con la que ha lidiado toda su vida, durante la que ha cultivado siempre con el amor filial y una deferencia ante los demás. “En la sociedad coreana, la gente joven siempre debe mostrarse educada. Están en una posición más débil. Cuando empecé a modelar todo el mundo era mayor que yo, todo el tiempo, y yo me la pasaba buscando la aprobación de los demás en el set. Creo que esa personalidad sigue estando en mí”.

Todas esas horas vacías que rodearon sus años de trabajo como modelo —los interminables vuelos, los largos trayectos desde su hogar hasta la próxima locación— le dieron la oportunidad de convertirse en una cinéfila involuntaria. “Tenía mucho tiempo libre entonces, así que veía todo”, dice. Fargo se convirtió en una de sus películas favoritas, así como Eterno resplandor de una mente sin recuerdos y Niños del hombre. Veía las películas de Marvel, cintas animadas, de ciencia ficción, comedias. “No tenía un gusto específico. Todavía no lo tengo”, admite encogiéndose de hombros.

Después de años de esta sobredosis fílmica, Hoyeon empezó a pensar que la actuación podría ofrecerle una manera de explorar y articular los sentimientos que siempre estuvieron dando vueltas, retorciéndose, batiéndose dentro de ella. “Actuar se sentía como el trabajo perfecto”, confiesa. “Yo tenía muchas emociones que pensaba que no debía expresar, pero a través de la actuación puedes sacar todo tipo de cosas. Quería dejar salir mi estrés, mi rabia, mi tristeza. Creo que veo esta profesión casi como una forma de terapia mental”.

“El año pasado fue el más glorioso de toda mi vida. Y, al mismo tiempo, física y mentalmente, fue el más difícil”.Elizaveta Porodina

Se inscribió en unas clases de actuación y, cuando el contrato con su agencia de modelaje coreana se venció, en 2020, aprovechó para firmar con una agencia de actores en Seúl. Apenas dos semanas después, el teléfono sonó para su primera audición. Era para El juego del calamar de Netflix.

El tema es que, en lo que respecta a esta serie, no puedes confiar del todo en la versión de Hoyeon. Incluso ahora, tras todas las estatuillas, la aclamación de la crítica y las miles de versiones que han subido los fans a YouTube con esa horrible canción de Chainsmokers; ella es capaz de decirte, mirándote a los ojos, lo mal que cree que lo hizo. Te hablará de lo avergonzada que se siente cada vez que se ve en la pantalla y de cómo en una ocasión le envió un mensaje de texto a Hwang Dong-hyuk —creador, escritor y director de la serie— para decirle “lo siento”, después de que El juego del calamar comenzó a transmitirse.

Sus compañeros de trabajo te contarán una historia distinta. El director Hwang, como lo llama su equipo, seleccionó a Hoyeon para el papel de Kang Sae-byeok —una astuta desertora norcoreana que arriesga su vida para reunir a su familia y, sin duda, la más importante de los tres protagonistas del serial— por la fuerza que demostró en su cinta de audición, que ella filmó, minuciosamente, durante tres días en su apartamento de Nueva York. “Era como ver a un jaguar en el Amazonas”, me comparte Dong-hyuk en un email. “Cuando nos conocimos en persona estaba totalmente convencido de que sería perfecta para el rol. Su aura de luchadora, que transmite con todo el cuerpo; su voz, ligeramente andrógina; sus ojos, que parecen no estar mostrando todas sus emociones… Era exactamente lo que estaba buscando”.

No había pasado mucho tiempo filmando cuando se dio cuenta de que estaba presenciando el nacimiento de una estrella: Se encontraban rodando el juego “Luz Roja, Luz Verde” para el piloto, en el que le disparan a sangre fría a cientos de concursantes y se nos revela la naturaleza siniestra del torneo que es el centro de la trama. “Trabajar con tantos actores en un set de esas dimensiones era una tarea difícil para alguien sin experiencia”, rememora Hwang. “Todavía recuerdo esta secuencia en la que vemos a Hoyeon mirar hacia el cielo al final del juego, mientras el techo se cierra sobre la arena. Me quedé hipnotizado con ella en esa secuencia. Es tan fresca, nunca había visto algo así. Su expresión hace que te metas en la trama por completo”.

Hwang estaba viendo todo en un monitor, junto a Lee Jung-jae, otra de las estrellas del proyecto, quien comparte la convicción del director: “Ella siempre fue Sae-byeok, desde el principio”, me confiesa Lee en un email. Lo que tiene sentido, si tomamos en cuenta todo lo que hizo Hoyeon para prepararse para ese personaje. Se reunió con verdaderos desertores norcoreanos para poder encontrar el acento apropiado; se entrenó en artes marciales para dar con el aspecto físico y mantuvo un diario del personaje. “Cuando Sae-byeok habla de la muerte de su padre, escribí notas desde su perspectiva: ¿Cómo era el edificio? ¿Cómo olía? ¿Cómo se oían los disparos?”. Pero, sobre todo, la actriz se sumergió en las emociones que ella y su personaje compartían. “Ella está aislada. En aquel momento yo vivía en Nueva York, un lugar que no era donde nací y crecí, mientras que mi personaje estaba en Corea del Sur, un sitio donde tampoco había nacido ni crecido. Eso la hacía una persona un poco solitaria, lo que activaba sus mecanismos de defensa”, comparte.

Cate Blanchett también notó esa atención al detalle en el set de Disclaimer; pero, además, se dio cuenta de la habilidad de la actriz, digna de una veterana, de ser capaz de agarrar toda esa preparación minuciosa y tirarla por la ventana para comenzar de cero cuando es necesario. “Ella llegó muy preparada y tenía su personaje completamente trabajado, tal como Alfonso lo había descrito”, me cuenta Blanchett. “Pero entonces, como pasa mucho con los escritores-directores, él lo había escrito de una manera y, luego, tenía otra perspectiva y otro enfoque en mente. Verla manejar todos esos cambios y giros que él quería, verla pivotar el personaje mientras también lograba incorporar todas las ideas que había traído, me dejó atónita. Hubiera pensado que había estado actuando desde que tenía 12 años. Pero ella tiene 12 años, ¿no?”, asegura la ganadora del Oscar.

“Tengo que cargar con este sentimiento de inseguridad conmigo, porque nunca voy a ser capaz de decir que entiendo completamente a un determinado personaje”.Elizaveta Porodina

El arco del personaje de Sae-byeok es el centro emocional de El juego del calamar; es lo que eleva la serie más allá de un ensamblaje de giros sorprendentes y secuencias de acción ultraviolentas, y la convierte en una sublime pieza de arte. Además, es la actuación mesurada y penetrante de Hoyeon la que provee de un alma a toda esa historia. No es una exageración afirmar que, sin la Sae-byeok de Hoyeon, el proyecto de Netflix, probablemente, no habría tenido lo que le hacía falta para convertirse en un fenómeno global.

Y sin embargo, más allá de lo orgullosa que se siente con respecto a la serie, Hoyeon se las arregla para encontrar la manera de ser crítica consigo misma y me dice que le hubiera gustado tener un mejor control de sus emociones. “El cuerpo es como una máquina. Somos como robots a los que podemos controlar. Estoy tratando de encontrar ese control”. En algún punto tengo que preguntarle si es siempre así de dura consigo misma porque realmente lo siente o necesita esa especie de autodegradación para mantenerse con ganas y avanzando. “En Corea tenemos un dicho: ‘Cuando el arroz madura, inclina la cabeza’. Quiere decir que, por mucho que hayas triunfado, siempre debes mantenerte humilde. Hay una parte de mí que continúa tendiendo a esa autodegradación porque sé que es así como voy a mejorar y a crecer. Por otro lado, es muy complicado como actriz saber qué tan bien lo estás haciendo o qué tan talentosa eres, porque nuestro trabajo es retratar la vida de alguien más y hacerla nuestra, hacer que parezca convincente. No creo que haya un punto en el que sea capaz de hacer eso a la perfección. Así que tengo que cargar con este sentimiento de inseguridad conmigo, porque nunca voy a ser capaz de decir que entiendo completamente a un determinado personaje. Pero es precisamente eso lo que me atrae de la actuación”, me señala.

La vida después de El juego del calamar

Tras el almuerzo, conducimos hasta un mercado de pulgas en el estacionamiento de una escuela secundaria. Su estilista le mencionó este mercado hacía tiempo y Hoyeon quería venir a dar un vistazo. Nos abrimos paso entre puestos polvorientos con viejos juguetes de La Guerra de las galaxias y chaquetas de mezclilla deshilachadas, hasta que nos topamos con una mujer sentada detrás de un pequeño escritorio metálico y una máquina de escribir verde fosforescente. Se llama Lily, nos explica, y nos puede escribir un poema allí mismo, sobre lo que le pidamos.

“Hagámoslo”, propone Hoyeon. Lily mira a la actriz y le pregunta: “¿Tienes algún tema en mente?”. Sin dudarlo un instante, ella responde y pregunta cuánto tiempo va a vivir su gato. “¿Cuánto va a vivir tu gato?”, repite Lily, un poco sorprendida. Sonríe. “Me gusta ese detonador”. Piensa durante un momento, asiente y comienza a tipear. Después de un par de minutos, le entrega a Hoyeon una pequeña tarjeta, que dice:

a veces,

cuando las noches son tristes,

pienso en qué edad va a tener mi gato

cuando muera.

¿Tal vez 8, 11, 23?

Y tengo que concluir

que la edad no importa

porque, de todos modos,

estaré devastada,

y mi gato no tendrá ni idea.

 “Creo que justo ahora estoy haciendo lo mejor que puedo para perseguir ese objetivo, aun cuando sé que nunca alcanzaré la perfección”.Elizaveta Porodina

Las lágrimas corren de los ojos de Hoyeon, haciéndose visibles solo en los bordes de sus estilizados lentes de sol. Le agradece sinceramente a Lily, se mete el poema en el bolsillo y seguimos caminando. Lo de llorar es nuevo para ella, me cuenta. “Normalmente, no llego a los extremos de mis emociones. Ni muy arriba, ni muy abajo. Puedo controlarlas”. De niña, en Corea, dice: “me acostumbré a ocultar las cosas, la manera cómo me sentía, lo que pensaba. Pero eso me llevó a tener esta personalidad, en la que ignoro un poco mis estados de ánimo”. Durante el año pasado, sin embargo, ha empezado a notar cómo sus emociones se manifiestan de nuevas maneras. Ha llorado durante entrevistas, sola en su habitación de hotel, durante alguna conversación con sus amigos por teléfono. “Todos los cambios… creo que ha sido avasallante”.

Razón por la cual sus dos gatos —y el tiempo que duren en este plano mortal— son tan importantes. Su novio, el actor coreano Lee Dong-hwi, rescató al primero, una hembra, mientras ella estaba haciendo El juego del calamar, en 2020. Se llama, como corresponde, Sae-byeok. Al segundo, Mora, lo adoptaron un año después. “Nunca he sido el tipo de personas que dependen de los demás. Pero durante el último año he aprendido a apreciar más las cosas valiosas en mi vida”, confiesa. Lo que más le gusta de sus gatos, según parece, es que nunca le piden demasiado. “El hecho de que estén allí, que pasen su tiempo conmigo, y que estén a mi lado, me hace sentirme muy agradecida”.

Varias semanas después de que El juego del calamar comenzó a popularizarse en Netflix, en septiembre de 2021, los guiones se acumularon en la bandeja de entrada de Hoyeon de la misma manera en la que el resto de nosotros recibe códigos de descuento de diferentes marcas. En los apenas 10 meses que transcurrieron entre haber terminado de filmar la serie y su estreno, la actriz había hecho varias audiciones en Corea y, según ella, “fallado” en todas. Y ahora, de repente, le llegaban auténticas ofertas para buenos papeles, tanto en casa como afuera. “Era muy confuso”, admite. “Leí muchísimos libretos y me reuní con directores. Pero sentía que no tenía ningún tipo de estándar para decidir nada, como qué papeles eran buenos para mí o cuáles personajes eran interesantes. Todo me parecía interesante”. Para simplificar las cosas, decidió apostar por los únicos dos proyectos que le pedían audicionar —si resultaba seleccionada, podría sentir que se los había ganado. Y se ganó ambos: el primero, ese rol en Disclaimer; el segundo, un personaje en The Governesses, de A24, junto a Lily-Rose Depp, que todavía está en proceso.

El hecho de que ambos roles fueran en inglés también le viene como anillo al dedo. “Me encanta retarme a mí misma. Y tratar de hablar inglés bien y actuar bien, al mismo tiempo, es muy retador. Pero tengo muchas ganas de ponerme a prueba”. Para ella, este esfuerzo es una inversión en su futuro: “Estoy trabajando para mejorar, para que tal vez cuando tenga 40, 50 años, hable un inglés más fluido y me lleguen más oportunidades”.

Cate Blanchett piensa que quizá Hoyeon no tenga que esperar tanto. “Si me pidieras que fuera a Corea”, dice la dos veces ganadora del Oscar, “a trabajar en una lengua en la que nunca he actuado, yo jamás tendría ese nivel de compostura. Te enamoras de ella como persona, pero, además, es tan magnética como actriz. Tiene una especie de ferocidad, tanto física como psicológica y, al mismo tiempo, es dulce y curiosa”.

Seúl está llena de montañas: masas de tierra escarpadas, cubiertas de árboles que interrumpen el paisaje como albóndigas sobre un plato de espaguetis. De niña, Hoyeon las detestaba. “Mi papá tenía su propio club de escalada y siempre nos forzaba a mí y a mis hermanas a ir con él”, recuerda. “Nos despertaba muy temprano para que estuviéramos allí antes que todo el mundo y yo odiaba eso”.

“Me acostumbré a ocultar las cosas, la manera cómo me sentía, lo que pensaba. Pero eso me llevó a tener esta personalidad, en la que ignoro un poco mis estados de ánimo”.Elizaveta Porodina

Más recientemente, sin embargo, ha cambiado un poco su perspectiva. El apartamento al que se mudó —silencioso, recluido, oculto en la parte trasera de un complejo enorme—, deja ver un impactante panorama de uno de los picos más pequeños de la ciudad. Las montañas se han convertido en “una de las razones por las que me gusta tanto Seúl”, confiesa. “He aprendido a apreciar la energía que obtienes al estar en contacto con la naturaleza. Mi casa queda un poco retirada del bullicio de la ciudad y eso me gusta. Es un lugar donde puedo encontrar paz mental”.

Durante buena parte de 2022, la actriz estaba convencida de que se establecería en Los Ángeles, pensando que ese era el lugar indicado —el único lugar— para que su carrera prosperara. Pero ahora, se ha dado cuenta de que tal vez tenía unas ideas un poco anticuadas en la cabeza, especialmente, cuando se trata de dónde y cómo se hacen las películas. “Creo que antes existía esta idea del Sueño Americano como única vía, por decirlo de alguna manera”, sentencia. “Pero ahora vivimos una era en la que una buena historia puede venir de donde sea, estar hecha donde sea, y me siento muy afortunada de vivir en una época así”.

Hoyeon está descubriendo que las opciones abundan. Puede vivir en Seúl y seguir actuando en Hollywood. Puede hacer series de televisión en inglés y también seguir haciendo películas en coreano. Puede convertirse en una estrella de primera y también seguir siendo una modelo de clase mundial —esta última, según dice, una opción que ha vuelto a ser muy entretenida para ella—. “Las fronteras se están derrumbando”, acota. “Están desapareciendo. Y mientras más pienso en ello, más llego a la conclusión de que lo que tengo que hacer es abrir mi propio camino. Viniendo de Corea y con mis actuales habilidades con el inglés, quiero hacer todos los papeles que pueda hacer en esas condiciones. Quiero ver qué hay para mí. Este es mi camino y es algo que tengo que crearme yo misma”, afirma.

Cada vez le emociona más la idea de quedarse en Corea del Sur y disfrutar de esta era dorada de los autores —como Bong Joon-ho, de Parasite; Lee Chang-dong, de Burning o Park Chan-wook, de Decision to Leave, por mencionar algunos. De hecho, a finales de marzo se supo que Hoyeon hará su debut cinematográfico en Hope, un thriller del director coreano Na Hong-jin, que comenzará a rodarse a finales de 2023. “El juego del calamar me enseñó que, incluso si solo hago películas o series de televisión en coreano, siempre y cuando sean buenos, pueden llegar a ser globales”.

Ahora, más que nunca, Hoyeon está viviendo bajo sus propias reglas. Está buscando hacer las cosas que la hacen a ella —no a sus colegas, ni a sus fans, ni a sus seres queridos— real y auténticamente feliz, y ya no le preocupa qué debería ser o dónde debería estar. “Alguien me dijo una vez que actuar se parece mucho a la vida”, dice. “Nunca te vas a sentir completo, pero es una carrera constante e interminable por sentirte completo. Creo que justo ahora estoy haciendo lo mejor que puedo para perseguir ese objetivo, aun cuando sé que nunca alcanzaré la perfección”.